El paraíso amenazado
Amanece a bordo del Queen Mabel, un barco de 15 m de eslora y 3 cubiertas, que le proporcionan una buena habitabilidad mezclada con cierto grado de inestabilidad. Estamos fondeados cerca de de la Corona del Diablo, en la costa de la Isla de Floreana, que se despereza poco a poco. Un pez globo, claramente visible en las transparentes aguas, nada a 10 m de profundidad bajo mis pies, mientras tomo una ducha en la popa del barco. Una tortuga marina se acerca para darme los buenos días, al mismo tiempo que una manada de lobos marinos disfruta de su primer baño. Súbitamente, un banco de peces voladores arranca destellos de plata del incipiente sol. Los piqueros de patas azules, enmascarados y pelícanos se zambullen en busca de su primer desayuno, mientras que Fernando, nuestro cocinero se afana en preparar el de la tripulación. ¡El día promete!.

El Queen Mabel, nuestro hogar durante 5 días.
Una tortuga verde (Chelonia mydas agassizii) sale a respirar.
Un lobo marino (Zalophus californianus wollebaeki) curioso, se acerca para observarme.
Pelícanos amaneciendo en la costa de Floreana. Al fondo, Punta Cormorán.
Un equipo de 5 muestreadores del Área de Investigación y Conservación Marina (BIOMAR), de la Estación Científica Charles Darwin (perteneciente a la Fundación Charles Darwin) y un servidor, hemos pasado 5 días embarcados en el Queen Mabel realizando censos submarinos para determinar la densidad del pepino de mar diablo, Stichopus horrens. Este animal resulta bastante apreciado en los mercados chinos, a los que está siendo exportando de forma ilegal en cantidades crecientes desde las Islas Galápagos. Lo verdaderamente preocupante de todo esto, es que el objetivo principal de la pesquería de pepino, la especie Isostichopus fuscus, ha sido recolectada en tales cantidades que se encuentra ecológicamente extinta en la actualidad.
Floreana fue el primero de nuestros destinos, posteriormente estuvimos en Isabela, Rábida y Santa Cruz. Este periplo me permitió conocer parte de la Bioregión Sureste del archipiélago y algunos de sus habitantes.
Mapa del viaje de monitoreo del pepino diablo (Stichopus horrens).
Costa de Floreana.
Panorámica de Isabela desde el Volcán Chico. Desde la derecha se aprecia la cadena de grandes volcanes de esta isla: Alcedo, Darwin y Wolf al fondo. A la izquierda y sobre el mar de nubes se ve la Isla Fernandina. Entre ambas islas se encuentra el Canal de Bolivar.
El islote de Rábida destacándose sobre el mar.
La bonita zona de Las Palmitas, en Santa Cruz.
Pelícano de galápagos (Pelecanus occidentalis urinator) a punto de zambullirse en la costa de Isabela.
Acantilado en el Islote Rábida. Los piqueros fusilan la superficie del mar en oleadas de cientos de individuos.

Millones de individuos forman los bancos de Ojónes (Xenocys jessiae), objetivo de piqueros y pelícanos desde arriba, y atunes y tiburones desde abajo.
Los corales no dominan el paisaje submarino, pero se hallan presentes.
Constituyen además un refugio idóneo para multitud de seres vivos, como esta bonita gamba casi transparente (Harpiliopsis spinigera).
O para el halcón de coral (Cirrhitichthys oxycephalus).
Algunas estrellas, como la Pentaceraster cumingi son espectaculares en cuanto a tamaño y colorido.
Detalle de la estrella de mar Nidorellia armata.
Más detalles de estrellas, este de una Pharia pyramidata.
El gobio semáforo (Coryphopterus urospilus) habita sobre fondos arenosos.
El trambollo bravo (Labrisomus dendriticus), un endemismo de Malpelo y las Galápagos, resulta localmente abundante.
El serrano (Serranus psittacinus) presenta un comportamiento descaradamente curioso.
Un pulpo de arrecife (Octopus ocullifer), otro endemismo de Galápagos, me observa sin recato.
Una joyita endémica del archipiélago, el nudibranquio Tambja mullineri.
Dado que S. horrens es nocturno, los censos visuales tuvieron lugar de noche y a profundidades menores de 10 m. Cada pareja de muestreo contabilizaba y medía todos los ejemplares presentes en un área circular de 100 m2 de superficie. Mi compañero de inmersiones Jerson Moreno y yo, contabilizamos en el primer transecto de Floreana 2 individuos y 14 en el segundo. Sus tallas variaron entre 16 y 32 cm. Mientras yo recorría el área con la ayuda de un cabo para controlar la superfice muestreada, Jerson se encargaba de registrar las longitudes de los pepinos que yo le iba alcanzando. La visibilidad bajo el agua queda en estas ocasiones restringida al limitado alcance del haz de la linterna, más allá del cual, sólo queda la negrura, ¡de ahí mi sorpresa al toparme de bruces con un tiburón de puntas blancas de 2 m de longitud, descansando tranquilamente dentro del transecto de muestreo!.
En primer término, iguanas marinas (Amblyrhynchus cristatus). Al fondo, un grupo de tiburones de puntas blancas (Triaenodon obesus) descansan en una zona somera.
Los colapsos de pesquerías son mundialmente frecuentes y las Islas Galápagos no son una excepción, si la pesquería de pepino se encuentra ya colapsada, las de langostas (Panulirus penicillatus y P. gracilis) y langostino (Scyllarides astori) muestran indicios de sobre-explotación. Pero adicionalmente, las Islas Galápagos se enfrentan a serias amenazas para la supervivencia de sus ecosistemas únicos, como la pesca ilegal de más de 300000 tiburones cada año (según la UNESCO), con destino (nuevamente) al mercado asiático, el turismo excesivo, la inmigración ilegal y la introducción de especies foráneas. Todo lo cual ha llevado a que el recientemente reunido XXXI Congreso del Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO declare a las Islas como patrimonio en riesgo:
Esperemos que esta declaración pueda contribuir a que habitantes (de todas las especies) y visitantes (más o menos deseados y/o destructivos) puedan convivir de la manera más sostenible posible para el futuro de las “Islas Encantadas”.
El sol se pone detrás del Islote Pinzón.
Criaturas cercanas, criaturas lejanas
He tenido oportunidad, estos días pasados, de visitar la Isla de Isabela, la mayor del Archipiélago de las Galápagos. Me he reencontrado allí con las despreocupadas costumbres de varios de los animales de Santa Cruz,
una maría, esta vez compartiendo mi almuerzo,

zayapas cubriendo cada una de las rocas del litoral,
un sinsonte observándote desde cada árbol,

o piqueros de patas azules exhibiéndose con desparpajo.
Pero tuve la buena fortuna de poder contemplar otro habitante mucho menos accesible…
El pájaro brujo. Un pajarillo hechiceramente hermoso, y a veces muy difícil de observar por lo restringido de su hábitat, los cinturones de zonas húmedas que rodean los grandes volcanes de la isla.
Entre el 10 de junio y el 10 de agosto de este año 2007 me encontraré viviendo en la Isla de Santa Cruz (Islas Galápagos) a causa de una estancia de investigación. Mi intención es publicar una suerte de diario de viaje que me sirva de escusa para recapitular y meditar acerca de las vivencias diarias y que pueda poseer un mínimo interés para el lector.
Dado que estos primeros días en las Islas Encantadas están resultando agotadores (adaptación al horario y costumbres locales, primeras necesidades, reuniones con los responsables locales del proyecto…) sirva esta primera entrada como aperitivo, con el compromiso de actualizar este diario semanalmente.
Uno de los emblemas de las Islas Galápagos son sus pinzones, las aves que ayudaron a Darwin en su laborioso proceso de documentación acerca de la mutabilidad de los organismos. He leído bastante acerca de estos animales y siempre había tenido la impresión de que unos pájaros tan famosos, forzosamente habrían de resultar escasos o esquivos. Nada más lejos de la realidad, se trata de aves que no temen en absoluto al ser humano, comportamiento por otro lado habitual por estas latitudes. En los últimos años, algunas variedades de pinzón se han ADAPTADO extraordinariamente bien a los nuevos recursos procedentes de la penúltima de las nuevas especies introducidas en las Galápagos.

Desayuno con Pinzones.

Estado del panecillo una vez satisfecho mi compañero de mesa